Para comprender bien la frase de Séneca que encabeza esta entrada, podríamos matizar: «Lo que hay después de la muerte individual, vida total es, no muerte total».

Una forma aparentemente estable, como es un cuerpo, está constituida de subformas como las células, etc. Llamamos morir al morir de la memoria que da conjunto a todas las subformas. La muerte es un cambio en la forma. Aunque sea un cambio que aparenta ser una gran transformación.

La muerte y la vida coinciden en que no hay “yo” protagonista de ellas, solo que en la vida hay un «yo» que se achaca las experiencias.

No hay un yo diferenciado con vida independiente que pueda morir más allá de lo que mueren el resto de los pensamientos, aunque este haya sido el más activo, persistente e ilusorio.

En el experimentar no hay experimentador ni experimentado. No empieza y termina el experimentador. Solo aparece experimentar en continuo cambio (representado en los conceptos vida-muerte ).

La única vivencia que puedo tener de mi muerte es solo una idea de futuro por parte del “yo” o sea, la muerte solo puede ser pensada, no vivida; «mi muerte» es solo uno de mis pensamientos.

Creer en la muerte de otro (un ser querido, por ejemplo) es disminuir al otro, es mantener la creencia, por un lado, de que el otro tiene una existencia independiente del TODO y, por otro lado, creer que al TODO le falta algo, lo que es imposible en ambas situaciones. Ni el otro existía antes de forma independiente, ni ahora el TODO ha menguado en absoluto. La muerte de los demás puede verse como un contrasentido en el caso de los pacientes con demencia a los que sus familiares refieren haber perdido hace años ya, cuando al perder la memoria dejaron de reforzar, la propia identidad de ellos al recibir su reconocimiento y apoyo. A medida de que nuestra identidad pierde fuerza, también lo hace la creencia de que la desaparición de las otras identidades que reforzaban la nuestra constituye una amenaza para nuestra identidad

Vida y muerte solo son conceptos y como tal un producto racional de la mente. La muerte, aparentemente individual, es la de las ideas y, específicamente, la idea de identidad, aparentemente más estable, pero en continuo cambio como el resto de las ideas.

Tanta vida hay en la zona no ocupada del cementerio
como en la que ocupan las cruces y los cadáveres.

Un aquí adimensional, y un ahora atemporal, es lo único que existe. La consciencia adimensional y atemporal (también conceptos por otra parte) es aquello que no es un fenómeno y, por tanto, es incomprensible.

La vida y la muerte son dos caras de una misma moneda: todo nace y muere continuamente en el vacío.

El binomio «muerte-vida» es solo un solo un concepto que cuando une los otros dos conceptos apunta mejor a la realidad. La «muerte-vida» es solo una conceptualización, es el mapa y no la realidad. Un mapa con líneas divisorias entre vida y muerte que no existen en la realidad.

Experimentar, en todo caso, es también un concepto, como también lo es el TODO indivisible que tendemos, artificiosamente, a subdividir en el mapa conceptual de lo que son la vida y la muerte.

Experimentar y no experimentar es aparecer y desaparecer; ¿motivo?: el gran enigma, el TODO. Nadie ha experimentado nunca la muerte porque la muerte equivale a la ausencia de experiencia, porque la muerte no es una experiencia y no podemos intentar explicarla mediante las características de la experiencia.

El ego intenta comprender la muerte y por tanto la muerte interpretada por el ego no es la muerte sino la interpretación que el ego hace de la muerte (como también con el concepto vida).

Yo amo los mundos sutiles

Ingrávidos y gentiles

Como pompas de jabón

Me gusta verlos pintarse

De sol y grana, volar

Bajo el cielo azul, temblar

y súbitamente quebrarse

Cantares. Serrat Joan Manuel

En la letra de la canción de Serrat “cantares” se habla de el súbito quiebro de las pompas de jabón. Aunque no sepamos ni lo que es el jabón ni lo que es el aire como metáforas de la vida y la muerte, las pompas, nacen y se quiebran.

La sustancia de la vida (NINGUNA COSA DEFINIBLE) es tan intangible como la de la muerte. Con la muerte y la vida se pueden componer muchas historias, pero un acercamiento sin prejuicios es vivir la propia vida y la propia muerte, no su interpretación. Vida y muerte son preocupaciones existenciales generalizadas, pero a los que solo podemos acercarnos deconstruyendo creencias sobre ellas, viviéndolas, no interpretándolas, ni preguntas ni respuestas preconcebidas.

Existir y no existir son también conceptos, formas de hablar de lo innombrable, formas de utilizar el ego para interpretar lo que no es ego, lo que no está separado, la totalidad y, por tanto, no puede ser comprendido ni denominado desde la separación.

No hay por qué lamentar más la muerte que llegará, que la muerte de la que nacimos. No hay por qué lamentar el no haber nacido en tiempos de Napoleón o de Las Pirámides de Egipto.

Lo único que hay que temer de la muerte es el temor que inspira, y éste, desaparecerá con la propia muerte del sujeto separado.

No podemos ir más allá. Solo con la ignorancia y el desconocimiento absoluto del TODO podemos ser el TODO. No podemos encontrar mentalmente significado al TODO que es la vida.

Pero también el TODO incluye las creencias y los conceptos tras los que se disfraza por lo que merecen el mismo respeto que cualquier otra manifestación del todo, aunque lo podamos devaluar llamándolo “vida relativa” pero que no es diferente de lo “no relativo”. El miedo a la muerte y el ego también son el TODO y merecen nuestro máximo respeto y aceptación.

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