¿Los incendios son buenos o malos?

Como explica el profesor Juli G Pausas en su libro Incendio forestales (CSIC / La Catarata, 2012), la ecología del fuego ha demostrado que los incendios forman parte del ciclo biológico de la historia de la Tierra y tienen, sorprendentemente, decisivas positivas consecuencias para la biodiversidad. En la publicación El Cultural, se le pregunta si los incendios son naturales y si han formado siempre parte del ecosistema. A lo que el experto responde:

«Sí, los incendios son procesos naturales, como la lluvia o la depredación. Desde el origen de las plantas terrestres (hace más de 400 millones de años) existen incendios. Dependiendo de las zonas y las época, la frecuencia y la intensidad de éstos ha ido variando. Como los incendios tienen efectos directos en las plantas, éstas se han ido adaptando a lo largo de la evolución a resistir y a persistir a los diferentes regímenes de incendios, y esa variedad de adaptaciones genera biodiversidad. Por lo tanto, se puede afirmar que parte de la biodiversidad de las plantas se debe a los incendios. Además, los incendios generan paisajes heterogéneos, y esa heterogeneidad de ambientes permite también una diversidad de fauna. Por ejemplo, sería muy difícil entender la presencia de elefantes o jirafas en la sabana africana si no hubieran incendios frecuentes en esos ecosistemas. Lo mismo pasa con otras muchas especies de animales amantes de espacios abiertos. De hecho, los cuatro ecosistemas mediterráneos donde tienen incendios frecuentes (la Cuenca Mediterránea, California, Sudáfrica y Australia), están dentro de la lista de zonas que se consideran puntos calientes de biodiversidad a escala global. Por lo tanto, podemos decir que los incendios recurrentes en estos ecosistemas no han reducido la biodiversidad, y además hay evidencias que sugieren que esa elevada biodiversidad está en parte relacionada con la elevada frecuencia de incendios».

¿Y, entonces, los pirómanos…?

Víctor Resco de Dios y Matthias Boer (profesores universitarios) son entrevistados en la publicación «The Conversation» en una entrada titulada: Los pirómanos no son la causa de los grandes incendios forestales.

«Los incendiarios no son la causa de los grandes incendios forestales. Tampoco lo son las colillas, los tendidos eléctricos, los estercoleros ni las negligencias agrícolas. Ni tan siquiera un pirómano tiene la capacidad de provocar un incendio. Estos factores solo crean la ignición. Pero un incendio no es una ignición.

Un gran incendio forestal resulta de mezclar, como en un cóctel, cuatro ingredientes: combustible (léase estructura de la vegetación), humedad, ignición y meteorología (fig. 1). Y al igual que en cualquier cóctel, aquí también resulta importante el orden, o la secuencia y escala temporal, de cada uno de estos elementos. La ignición es el penúltimo factor y, aunque imprescindible, su origen o causa es casi anecdótica y de escasa trascendencia para el problema de los grandes incendios.»

¿Así que, no hay culpa ni mérito en las acciones humanas?

Culpabilidad y mérito no son términos que puedan achacarse a algo o alguien que no existe (una identidad personal que nos constituye), o existe sólo como un concepto mental, junto con otros conceptos que aparecen ante la Consciencia. Si esto fuese así, al menos teóricamente, los seres humanos, no podrían, aunque quisieran, ser responsables de sus actos ni deberían recibir presiones sociales para actuar en un sentido u otro según las normas morales y legales imperantes. Cualquiera podría actuar caprichosamente y comportarse de forma dañina para los demás.

Sin embargo, si aceptamos esta interpretación de la libertad, habría que asumir que ha sido siempre así en la historia del universo y, hemos conseguido llegar hasta aquí.

Por otro lado, la calificación de bien y mal a nivel micro está regulada por la moral y las leyes, y así debe ser, porque la propia vida nos dota del deseo de establecer convenciones sociales que nos beneficien a todos, es decir, a la propia vida , pero, a un nivel macro (todo el universo y su historia) no está tan claro que la moral y las leyes sean aplicables. Las guerras, las conductas adictivas en todo el mundo, la violencia contra los más débiles, etc., constituyen, la norma, no la excepción en nuestra sociedad. Y, todo esto sin que prácticamente nadie, salvo algunos filósofos, se haya cuestionado si existe o no el libre albedrío. Y qué decir de catástrofes naturales como un tsunami, un terremoto, un volcán, una sequía, las inundaciones, etc., que provocan diariamente en el mundo gran cantidad de dolor y sufrimiento. En realidad, podríamos decir que el sufrimiento se extiende por el mundo en todas sus formas de expresión ¿Es que el universo, en conjunto, es bueno, o malo, justo o injusto? ¿No podría ser que la evolución del conjunto del universo pase desapercibida ante los ojos del ego que solo mira por él mismo y por los “suyos”? ¿No podría ser que la infinidad de circunstancias que constituyen el condicionamiento determinen a cada individuo y sigan modificando, continuadamente, el condicionamiento previo? ¿Es acaso mala la mano con que me hago daño al curarme de la herida de una pierna? ¿Debo darle las gracias a mi mano por darme de comer?

La mente, desde su condicionamiento, interpreta y justifica o no, los comportamientos y eventos que presencia. Diferentes mentes, diferentes interpretaciones, más parecidas cuanta más condicionamiento compartan, pero siempre diferente. La mente siempre cambia, incluso en el transcurso de segundos matiza sus propias interpretaciones previas. Es impermanente, no fiable, por tanto.

Desde la consciencia, ante la que la mente aparece, es posible percibir más directamente las impresiones que se reciben, sin conceptualizaciones, sin interpretaciones que la empañen. Desde ahí es más fácil que la mente se alivie de pensamientos y se haga más intuitiva. Esto facilita percibir una interpretación y una decisión más acorde con el conjunto del contexto universal del que forma parte en lugar de quedar circunscrita a las estrechas fronteras de la historia personal. De no ser así, la mente siempre estará construyendo historias de «buenos y malos».

Moral no es lo que es, sino lo que quiero que sea, lo cual no es posible. La moral puede ser imaginada pero no realizada. Cada cosa que ocurre es el resultado de todo lo demás, o mejor, nada ocurre independientemente de todo lo demás, todas las cosas particulares son TODO. En realidad solo hay TODO con diversas formas particulares en continuo cambio.

No obstante, percibimos, el mal, el dolor y el miedo. Y, la mente busca mil caminos (habitualmente enlazando una cadena de pensamientos interminable) para tratar de escapar, sin poder lograrlo y con el sufrimiento consiguiente ¿Qué alternativa la queda a la mente? Estar más pegadita a la honestidad de la consciencia, de la verdad real y no imaginada. No dejar de mirar al escenario temido tal y como es, sin fantasías, y esperar a que la intuición haga su labor.

Entradas relacionadas