Pintura rupestre en Tassili (Argelia) mostrando una escena de caza con perros.

En mi autoobservación aprecio la unidad de la existencia:

  • Todas las percepciones de las que «soy» consciente, aparecen en un mismo campo de conciencia.
  • Esto ocurre tanto con las percepciones corporales como con las extracorporales.
  • Si me identifico como un cuerpo, existen «dentro» y «fuera» (y esto es útil para la vida porque así puedo apartar la mano de fuego) pero si me identifico con la conciencia que percibe ese cuerpo, no hay «dentro» ni «fuera» (lo cuál es un expresión de la unidad de toda la existencia, sin separación).

La ciencia también va considerando, cada vez más la falacia de ver la separación entre los seres y objetos.

Extracto de artículo de elDiario.es Eva Aladro Vico 1 de diciembre de 2015 Coevolución y comunicación animal

«En las teorías actuales sobre el desarrollo humano, y en especial por las increíbles capacidades que los seres humanos están desarrollando a la hora de usar y extender sus experiencias en herramientas y tecnologías, se estudia un concepto clave en biología como es el de coevolución. Inicialmente, en el siglo XX, se comprobó que las especies y organismos se veían condicionados por los entornos donde se desarrollan. A la interrelación entre organismos que llega a hacer que evolucionen en conjunto se la denominó coevolución.

Sabemos por recientes investigaciones que el sistema digestivo de los lobos y el de los perros es diferente, siendo el de los lobos incapaz de digerir alimentos como cereales y frutas, y manteniéndose principalmente carnívoro. Los perros, una vez que constituyeron un ensamblaje biológico con los seres humanos, desarrollaron una alimentación omnívora que les permite digerir los alimentos humanos preparados y sus residuos. La aproximación de los lobos a los poblados humanos fue generando entre ambas especies una adaptación en la que los humanos empezaron a alimentar a los lobos, y los lobos, a cuidar de los rebaños humanos. Este ensamblaje y amistad de dos especies tradicionalmente enemigas fue condicionando el surgimiento del perro, que, como todos sabemos, constituye con el humano un conjunto excepcional de especies unidas con riquísimos beneficios añadidos en su coevolución.

En el lento proceso coevolutivo en el que surge el perro del lobo, se produjo una adaptación interesantísima en la que las capacidades depredadoras del lobo mutaron hacia una función de pastoreo -las mismas capacidades de asustar y controlar a las ovejas en la caza pasaron a ser capacidades de protección y de guía de los rebaños-. Al mismo tiempo, el ser humano, en el proceso de ensamblaje, desarrolló capacidades de protección y acogida del lobo que le llevaron, como sabemos por las recientes investigaciones publicadas, a generar hormonalmente intensos sentimientos de protección y amor al animal antes temido.

La coevolución es un proceso del que debemos aprender todavía muchísimos aspectos. Pero el ensamblaje increíble entre un animal y un ser humano que podemos ver en la generación de las relaciones armoniosas y beneficiosas de los perros y gatos con los hombres nos deja ver cómo la evolución convierte en pacíficos y protectores los impulsos depredadores, y reutiliza los instintos destructivos en un plano superior de desarrollo en el que desaparece la agresión. No se trata de una simple cesación de la violencia, sino de una trascendencia en la que aspectos de conducta destructiva o violenta se reutilizan para producir conductas protectoras y creativas.»

 

Para saber más: LOS PERROS NOS HICIERON MÁS SAPIENS

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