Durante muchos años de mi vida, el libro de cama y viajes que tuve fue el largo y sabio poema «Canto a mi mismo» de Walt Whitman. Cada vez, entiendo mejor por qué.

Este 11 de septiembre trae a mi memoria, por ciertas coincidencias, el grave problema al que hice referencia en la pagina inicial de este sitio web. En aquello momentos yo vivía un gran sufrimiento y una gran incertidumbre. La salida de ese túnel implicó, con la ayuda también expuesta en esa página, la reaparición de una actitud que queda muy bien expresada en este poema.

Una persona amiga me comentaba, hace un tiempo, que sentía profundas dudas sobre si estaba aprovechando suficientemente su vida y, si no era así, qué hacer con los años que la quedaran.

Entiendo que ese poema de whitman refleja claramente como la vitalidad de la vida no se expresa en toda su plenitud, tanto a través de sus diferentes formas, osea, a través de los diferentes contenidos que podría tener nuestra vida, como a través de la actitud y comprensión profunda que de ella tengamos.

Lo que sigue, es una selección entresacada y resaltada en negrilla a veces, de este largo texto que me parece puede expresar bien esta interpretación.

En las últimas estrofas seleccionadas, coloreado en rojo, y con una de sus frases subrayada, veo una respuesta, ofrecida por Whitman, a quienes dudan de si están aprovechando bien su vida.

Acceder, si se desea, al poema completo en: CANTO A MÍ MISMO. WALT WHITMAN. TRADUCCIÓN: J. L. BORGES en el blog El ciervo herido

Yo me celebro y yo me canto,

Y todo cuanto es mío también es tuyo,

Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca…





Indolente y ocioso convido a mi alma,

Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este   aire,…

Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás;
me sirvieron, no las olvido;

Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.

Creo en ti, mi alma, el otro que soy no se rebajará ante ti,

Y tú no te rebajarás ante él.

Tiéndete en el pasto conmigo, desembaraza tu garganta,

No son palabras, ni música, ni versos lo que preciso, ni hábitos, ni discursos ni aun los mejores,

Sólo quiero el arrullo, el susurro de tu voz suave.

Recuerdo cómo nos acostamos una mañana transparente de estío,
Cómo apoyaste la cabeza sobre mis caderas y la volviste a mí               dulcemente,
Y abriste mi camisa sobre el pecho y hundiste tu lengua hasta tocar mi corazón desnudo,
Y te estiraste hasta tocarme la barba, y luego hasta tocarme los pies.

Velozmente se irguieron y me rodearon el conocimiento y la paz que trascienden todas las discusiones de la tierra,

Y desde entonces sé que la mano de Dios ha sido prometida a la mía,

Y sé que el espíritu de Dios es hermano del mío,

Y que todos los hombres que han nacido son mis hermanos, y las

mujeres mis hermanas y mis amantes,

Y que el sostén de la creación es el amor,

Y que son innumerables las hojas rígidas o que se curvan en los           campos,

Y las negras hormigas en las grietas bajo las hojas,

Y las mohosas costras del seto, las piedras hacinadas, el saúco, la candelaria y la cizaña.

Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma,
Los goces del cielo están conmigo y los tormentos del infierno están conmigo,
Los primeros los injerto y los multiplico en mi ser, los últimos los
traduzco a un nuevo idioma.


Ya estamos hartos de plegarias y de zalanderías,
Muestro que el tamaño no es más que crecimiento.
¿Has dejado atrás a los otros? ¿Eres el presidente?
Es una bagatela, cada uno de los otros te alcanzará y seguirá                 adelante.

Soy el que camina con la tierra y creciente noche,

Llamo a la tierra y al mar que abraza la noche.

Abrázame, noche de senos desnudos, abrázame, noche magnética y fecunda,

Noche de los vientos del sur, noche de las estrellas grandes y escasas,

Noche serena que me llama, loca y desnuda noche de estío.

Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento,

Tierra de los árboles dormidos y húmedos,

Tierra del sol que ya se ha ido, tierra de las montañas de cumbre                 nebulosa,

Tierra del cristalino fluir de la luna llena, apenas tocada de azul,

Tierra del brillo y de la sombra manchando la corriente del río,

Tierra del gris límpido de las nubes que resplandecen y se aclaran

para que yo no las vea,

Tierra yacente y extendida, rica tierra de azahares

Sonríe, porque llega tu amante.

Pródiga me has dado tu amor, te doy pues mi amor,

Mi apasionado amor indecible.

Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo,
Turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo, engendrando,
Ni sentimental, ni sintiéndome superior a otros hombres y mujer ni alejado de ellos,
No menos modesto que inmodesto.

¡Arrancad los cerrojos de las puertas!
¡Arrancad las puertas de los goznes!

El que degrada a otro me degrada,

Y todo lo que se dice o se hace vuelve a mí al fin.

A través de mí surge y surge la voluntad creadora, a través de mí, el torrente y el índice.


Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, tocar, son milagros, y cada parte de mí es un milagro.

Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo lo que toco y me  toca,
El aroma de estas axilas es más fino que las plegarias,
Esta cabeza es más que las iglesias, las biblias y todos los credos.

Si algo hay que yo venero más que las otras cosas, ese algo es la
extensión de mi cuerpo y cada una de sus partes,

La madreselva en la ventana me satisface más que la metafísica de los libros.

¡Contemplar el amanecer!
La escasa luz que va borrando las sombras inmensas y diáfanas,
El sabor del aire es grato a mi paladar.

Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido      por las estrellas,
Y que la hormiga es perfecta, y que también lo son el grano de
arena y el huevo del zorzal,
Y que la rana es una obra maestra, digna de las más altas,

Y que la zarzamora podría adornar los salones del cielo,
Y que la menor articulación de mi mano puede humillar a todas las máquinas,
Y que la vaca paciendo con la cabeza baja supera a todas las                    estatuas,
Y que un ratón es un milagro capaz de confundir a millones de                   incrédulos.

Siento que en mi ser se incorporan el gneis, el carbón, el musgo de
largos filamentos, las frutas, los granos, las raíces comestibles,
Y que estoy hecho de cuadrúpedos y de pájaros,

Me ha tocado en suerte, lo sé, lo mejor del tiempo y del espacio;
nunca he sido medido y no seré medido jamás.

Ni yo ni ningún otro puede andar por ti ese camino,
Eres tú quien debe andarlo.

No queda lejos, está a tu alcance,

Quizá estabas en él desde que naciste y no lo has sabido,

Quizá esté en todas partes, en mar y en tierra.

Esta mañana, antes del alba, subí a una colina para mirar el cielo poblado,
Y le dije a mi alma: cuando abarquemos esos mundos, y el
conocimiento y el goce que encierran, ¿estaremos al fin hartos y satisfechos?
Y mi alma dijo: No, una vez alcanzados esos mundos proseguiremos el camino.


Demasiado tiempo has vadeado, asido a una tabla en la orilla,
Ahora quiero que seas un nadador, que te arrojes al mar, que
reaparezcas, que me hagas una seña, que grites y que agites el
agua con tus cabellos.

Dije que el alma no es más que el cuerpo,
Y dije que el cuerpo no es más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más que uno mismo,
Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral
envuelto en su propia mortaja;
Y yo y tú, sin tener un centavo, podemos comprar lo más precioso de la tierra,

Y digo a la Humanidad: No hagas preguntas sobre Dios,
Porque yo que pregunto tantas cosas, no hago preguntas sobre Dios,
(No hay palabras capaces de expresar mi seguridad ante Dios y la muerte.)

Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más mínimo,
Ni comprendo cómo pueda existir algo más prodigioso que yo mismo.

En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios, y en mi propio rostro en el espejo;

Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y su firma en cada una,
Y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya,
Otras llegarán puntualmente.

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