Hace unos días, celebramos el cumpleaños de mi hijo mayor con sus hijos y el resto de familia tomando unos bocadillos y unos pasteles en el campo.

No veo como lo que allí viví pudo ser más «sagrado». No digo que fui feliz o infeliz, solo digo que nada pudo impedirme ser lo que era en aquellos momentos. En un templo en el Himalaya, junto al Dalai Lama, no podría haber sido más lo que soy que lo que fui en aquellos momentos.

La espiritualidad, para mi, «ocurre» durante la vida cotidiana.

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